República Dominicana lleva décadas creciendo económicamente, pero el reto sigue siendo traducir ese crecimiento en desarrollo humano e innovar en la gestión de nuestras ciudades.
Recientemente, tuve la oportunidad de participar en un escenario donde se expuso mucho de innovación. Se trató del Barcelona Nit Fòrum Internacional, una excelente oportunidad para mirar las ciudades desde una perspectiva que pocas veces ocupa el centro de nuestras discusiones criollas sobre desarrollo: lo que sucede cuando termina la jornada laboral convencional y comienza otra dinámica económica, cultural y social.
De las experiencias presentadas, me interesaron tres aspectos: la ciudad como espacio democrático, el uso de datos para la toma de decisiones y la colaboración público-privada para diseñar políticas ajustadas a la realidad.
Y es que las ciudades deben responder a quienes trabajan, estudian, emprenden, producen cultura y necesitan descansar. Gobernarlas implica procurar que todos esos derechos coexistan.
No todos los sectores tienen la misma dinámica, ni las actividades generan idénticos efectos en cada comunidad. ¿Por qué asumir que las mismas medidas funcionan en todas partes?
Pierre Rabadan, teniente de alcaldía del Ayuntamiento de París encargado de Turismo y Vida Nocturna, compartió un ejemplo interesante. Ante el aumento de las temperaturas extremas, explicó que estudian experimentar con los horarios de la Torre Eiffel: cerrar durante las horas de más calor, alrededor de las dos de la tarde, reabrir a las seis y prolongar las visitas hasta la medianoche. La propuesta considera también a los trabajadores y muestra la necesidad de adaptar la ciudad al cambio climático.
Pero en el contexto dominicano un desafío fundamental al hablar de economía nocturna es la seguridad. Puse especial atención a la ponencia de Gemma Alfonso, inspectora subjefa de la Unidad de Investigación DROS de la Guardia Urbana de Barcelona, quien destacó que disminuir las estadísticas delictivas no basta: también hay que entender cómo se sienten las personas. Que determinados delitos disminuyan no significa necesariamente que desaparezca el miedo. Una mujer debería poder salir de un establecimiento, tomar el transporte público y caminar sin sentirse amenazada.
Por su parte, Martina Brunner, directora ejecutiva de la Vienna Club Commission, explicó el uso de una aplicación con un modo de alerta para solicitar ayuda cuando alguien se siente en peligro. Una especie de botón de pánico. Las alertas pueden llegar a contactos personales y, según las condiciones, al personal de seguridad. Aunque sus resultados aún se evalúan, los datos pueden identificar los espacios donde se activan más alertas. La tecnología debe complementarse con personal capacitado para responder ante situaciones de acoso o violencia. La seguridad implica prevenir y garantizar una respuesta adecuada.
Para República Dominicana, esta conversación es pertinente: tenemos una intensa vida nocturna y una oferta gastronómica y cultural diversa. Santo Domingo, Santiago, Punta Cana y Puerto Plata, entre otras ciudades, con su dinamismo turístico y comercial, tienen realidades y necesidades distintas. El desafío es articular esas actividades con el transporte, la seguridad, el ordenamiento urbano y el derecho al descanso.
No se trata de copiar a Barcelona, París, Bogotá o Viena, sino de aprender y hacernos preguntas. ¿Cuánto sabemos sobre cómo se mueven nuestras ciudades? ¿Tenemos información suficiente para diseñar políticas según las características de cada zona? ¿Estamos preparados para responder al acoso y la violencia en los espacios nocturnos?
La economía nocturna no consiste simplemente en modificar los horarios de los negocios. Supone entender que la ciudad funciona como un ecosistema y que las decisiones sobre movilidad, seguridad, cultura, comercio y convivencia están conectadas.
De Barcelona regresé con muchas reflexiones, pero una destaca: una ciudad moderna no es necesariamente la que permanece activa durante más horas, sino la que aprende a organizarse mejor, tomando decisiones que respondan a las necesidades de su gente y le permitan aprovechar todas las potencialidades de su economía nocturna.
Porque gobernar un país también significa entender lo que ocurre después de que cae el sol.