En este artículo se intenta precisar los lugares de la isla Española donde Cristóbal Colón y su hermano Bartolomé fundaron las primeras villas y fortines, desde La Isabela hasta la ‘nueva Isabela’ (llamada después ciudad de Santo Domingo), formando una cadena o circuito de pequeñas fortalezas que iban de norte a sur, desde las cuales iniciaron los ataques militares contra los aborígenes. En algunos fortines se levantaron viviendas, dando origen a caseríos de españoles, a veces compartidos con nativos que decidieron colaborar con los invasores. Asimismo, se destacan las rutas interiores seguidas por los recién llegados, nombres geográficos desconocidos, distancias aproximadas entre las villas, sus posibles fechas de fundación, combates militares y ciertas distorsiones difundidas sobre estos asuntos. Para seguir los itinerarios de los viajes tierra adentro de los hermanos Colón y sus huestes, nos auxiliamos aquí de los primeros cronistas españoles, de algunos historiadores dominicanos que se han referido a los hechos que se van a explicar y las labores de arqueólogos que han aportado mejores precisiones cuando se trata de aclarar ciertas realidades vividas en los primeros años de la conquista española.

Colón realizó cuatro viajes a la isla Española (hoy isla de Santo Domingo). En su primer viaje, correspondiente al año de 1492, pudo recorrer la costa norte de la isla, después de tocar primero las islas de San Salvador y Cuba. En los alrededores de la actual ciudad de Cap Haïtien, erigió un fortín, donde dejó una guarnición de españoles armados, mientras él seguía bordeando la costa en dirección oeste-este, cuando regresaba a España. Esta pequeña fortaleza fue llamada por el Almirante La Navidad por haber sido levantada el 25 de diciembre, pero muy pronto será destruida y sus soldados eliminados por el cacique Caonabo.

El 12 de octubre de 1492, con la llegada de Cristóbal Colón a la isla San Salvador, simboliza una nueva época en la historia americana (Fuente de la imagen: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49967996).

Estando en España, Colón se pasó un tiempo informando a los Reyes Católicos sobre las buenas nuevas del ‘descubrimiento’. Muy pronto inició los preparativos del segundo viaje que partió del puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Un mes después volvía a recorrer con sus 17 naves la costa norte de la isla, en dirección al oeste para arribar al lugar donde había dejado a sus primeros soldados, comprobando que era muy peligroso levantar allí un poblado costero permanente. Entonces decidió retroceder hasta encontrar otro lugar más seguro y estratégico, escogiendo para este propósito la margen oriental de la desembocadura del río Bajabonico, distante 42 kilómetros en línea recta, al oeste de la actual ciudad San Felipe de Puerto Plata.

En el nuevo lugar decidió el Almirante levantar el villorrio La Isabela, llamada así en honor a la reina Isabel de España, su gran protectora. El 12 de diciembre se desembarcaron los animales grandes que vinieron en el segundo viaje, aves, vituallas, herramientas, soldados, albañiles, artesanos, labradores y un grupo de clérigos. Es decir, en este segundo viaje vino todo lo necesario para fundar una primera villa, con viviendas, iglesia, castillo, almacén, puerto y una casa para el Almirante, pero sin calles cuadriculadas ni plaza central ni edificios oficiales como ocurrió después. El 6 de enero de 1494, Día de los Santos Reyes, ofició el padre Bernardo Boil la primera misa, en ocasión de la inauguración de la primera villa europea construida en América.

En esta imagen se ve el solar donde Colón decidió fundar la primera villa europea en América, llamada La Isabela. Al fondo, parte del curso del río Bajabonico (Fuente de la imagen: https://www.facebook.com/groups/1315674698620677/posts/3043711312483665/).

Desde esta villa, el Almirante preparó su primera incursión tierra adentro, pero antes escribió a la reina una extensa carta, con fecha 2 de febrero de 1494, enviada con el capitán Antonio Torres, donde le reitera su promesa de enviar, y en efecto pudo enviar cantidades de oro, plantas medicinales y otros asuntos de interés para ella. Después de descubrir y castigar la conspiración del alguacil y contador Bernal Díaz de Pisa y sus cómplices, y habiendo dejado a su hermano Diego Colón como gobernador interino en La Isabela, se decidió el Almirante por comprobar las noticias contadas por el capitán Alonso de Ojeda y el miércoles 12 de marzo salió por primera vez de la villa con rumbo al sur, siguiendo el mismo sendero indígena que ya conocía su Capitán. Colón y sus cientos de soldados lograron descansar ese primer día en un lugar situado en el piedemonte de la cordillera Septentrional, que él llamó Paso de los Hidalgos (hoy El Mamey), en honor a los gentiles hombres que ayudaron mucho a desbrozar el primer camino indoeuropeo en la isla.

Al día siguiente, jueves 13 de marzo, emprendió el Almirante y sus tropas la subida hacia la cima de la cordillera y desde aquí pudo contemplar una de las panorámicas que ‘ojos humanos hayan visto jamás’: era el inmenso valle formado entre las cordilleras Central y Septentrional, el más extenso de la isla Española, llamado por Colón valle de la Vega Real debido a su enorme belleza, su gran fertilidad y la abundancia de recursos naturales. Además, pudieron observar lo densamente poblado que estaba el valle, mientras sus habitantes les auxiliaron mucho pensando que eran seres celestiales. Muy pronto pasaron a ser sus guías y los ayudaron a cruzar los ríos que encontraron a su paso, entre ellos el Yaque del Norte que los aborígenes llamaban Yaqui y Colón río de las Cañas (y río de Oro cuando estuvo en Montecristi durante su primer viaje). En algún espacio de la ladera norte del Yaque, cerca de la actual ciudad Santa Cruz de Mao, pudo el Almirante pernoctar y descansar durante la noche del jueves.

Los soldados españoles andaban montado a caballo y con armadura, lo cual producían espanto entre los aborígenes (Fuente de la imagen: https://www.magnific.com/es/fotos-vectores-gratis/soldado-montando-caballo-batalla).

Los expedicionarios cruzaron el río Yaque el viernes 14 de marzo en balsas y canoas dadas por los indios, mientras los caballos cruzaron nadando, y llegaron cerca a la confluencia de los ríos Mao y Yaque. Desde aquí, giraron hacia el este-sureste, cruzando los ríos Seco, Bao y Verde (hoy río Amina), los cuales eran llamados con otros nombres por los aborígenes. En un lugar del río Amina, cerca de las colinas del sur, descansaron el Almirate y sus hombres la noche del viernes.

El sábado 15 de marzo continuó la marcha con rumbo al sureste, pasando por las elevaciones de Jaiquí-Picao y Guajaca, descendiendo a las llanuras colindantes y pasando por otras poblados indígenas, hasta arribar a un lugar que el Almirante llamó Puerto del Cibao, por considerar que este estaba en los límites del valle por la parte sur, donde, según su creencia, empezaba el valle del Cibao. Este lugar geográfico dista aproximadamente 82 kilómetros de La Isabela, lugar de referencia para las mediciones de distancia en los primeros años de la conquista insular.

El domingo 16 de marzo de 1494, el Almirante subió a una montaña del actual municipio de Jánico, distante 29 kilómetros de carretera al sur de la ciudad de Santiago de los Caballeros, y contempló desde la altura un panorama encantador, pero no se detuvo y siguió su marcha. Debido a que encontraba en arroyos y ríos circundantes cantidades de pepitas de oro, decidió escoger el lugar más adecuado para sus fines y fundó un segundo fortín en esta primera gira hacia el interior de la isla, con una casa habilitada para sus tropas. Escogió la planicie de un cerro, casi cercado por el río Xanique (hoy Jánico), distante 106 kilómetros de La Isabela si se sigue por el Paso o Puerto de los Hidalgos, Santa Cruz de Mao, Jaiquí-Picao, Guajaca, atravesando el río Amina hasta Jánico, donde fundó la fortaleza Santo Tomás, situada a ocho kilómetros al sureste de la actual ciudad de Jánico.

Era una costumbre de Colón erigir fortines en un cerro o promontorio para una defensa más efectiva en caso de ataques indígenas (Fuente de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Vida_y_viajes_de_Cristobal_Colon.jpg).

Tras dejar las instrucciones para continuar los trabajos en la fortaleza Santo Tomás y su entorno, la cual quedó al mando del capitán Pedro Margarite, con más de 70 soldados, el 21 de marzo partió el Almirante de regreso a La Isabela, adonde llegó una semana después. En la villa norteña encontró un gran descontento entre los españoles por las enfermedades y los trabajos forzados para levantar las edificaciones y porque las provisiones se iban agotando o estaban ya en descomposición, originando un racionamiento de alimentos nada agradable para quienes vinieron con la ilusión de acumular riquezas.

El padre Boil quiso aprovechar los disgustos de los españoles, pero el Almirante lo sometió a la obediencia, y cuando hacía los preparativos de navegar hacia el oeste en pos de nuevos descubrimientos, recibió la noticia el 7 de abril desde el fuerte Santo Tomás, según la cual el cacique Caonabo se preparaba para atacar la guarnición. Entonces dispuso que el capitán Alonso de Ojeda y sus soldados atraparan al cacique rebelde que nunca dejó de hostigar a los invasores.

Mientras Ojeda iniciaba su expedición hacia el sur tras la captura del jefe indígena, el Almirante se decidió por continuar sus viajes por el oeste, pero antes de partir dejó instalado el 22 de abril una Junta de Gobierno integrada por cinco personas de su confianza, siendo ese el primer gobierno colegiado de la historia americana.

El 24 de abril embarcó Colón en sus tres naves, logrando explorar el sur de Cuba y el descubrimiento de Jamaica, donde pasó muchos infortunios. Meses después, regresó por cabo Tiburón, situado en el extremo suroeste de la actual República de Haití, y desde allí recorrió todo el litoral sur de la isla Española, pasando por la desembocadura del río Ozama hasta la isla Saona, donde pudo prever la llegada de una tormenta y después de sufrir un ataque de epilepsia, los tripulantes de las tres naves decidieron regresar directamente a La Isabela el 29 de septiembre.

Más de cinco meses duró la ausencia de Colón y sus tripulantes mientras andaban navegando por otras islas del Caribe. De vuelta a la villa norteña, enfermo, cansado y deprimido, supo la mala noticia de que el padre Boil y el capitán Margarite, en compañía de otros españoles, aprovechando la ocasión de que el 5 de agosto había arribado a la isla Bartolomé Colón, tomaron por la fuerza uno de los barcos en que vino el nuevo enviado de la Corona y se embarcaron hacia España para indisponer a la reina contra su protegido.

Entre septiembre de 1494 y marzo de 1496, cuando volvió a España, Colón salió de La Isabela encabezando nuevas incursiones militares hacia el interior del Cibao, con el plan de apaciguar este estratégico valle, donde los jefes o caciques indios no daban tregua a los invasores, después que empezaron a despertar, cuando vieron las crueldades a que fueron sometidos por el capitán Ojeda, hombre siempre en misión de guerra y de la entera confianza del Almirante.

En diciembre de 1494, en medio de los ataques de los indios del Cibao, aprovechando la presencia de su otro hermano Bartolomé, a quien distinguió con el título de Adelantado, salió Colón de La Isabela, primero con rumbo a la casa donde vivía el cacique Guatiguaná, situada a 65 kilómetros al sur de la villa norteña. Colón sabía que este cacique había dado muerte por venganza a numerosos españoles. Con la clara intención de reprimirlo, asedió la residencia del cacique, hizo prisionero a cientos de sus indios, a quienes envió a España en condición de esclavos, y fundó una tercera fortaleza llamada La Magdalena (en honor a la Santa Magdalena), al mando de Luis de Arteaga. Este fortín se erigió en los predios del nitaíno Guanaconel, del cacicazgo de Maguá que dirigía Guarionex, situados hoy en los alrededores del distrito municipal San Francisco de Jacagua, al norte de la ciudad Santiago de los Caballeros.

Por el oeste de La Magdalena, Colón dispuso la fundación de dos nuevos fortines, uno llamado Esperanza, distante a 37 kilómetros al sur de La Isabela, y otro llamado Santa Catalina, al este de la Esperanza, cerca del actual municipio Bisonó (Navarrete). La Esperanza se levantó en un promontorio cercano a la confluencia de los ríos Amina y Yaque del Norte, en el actual municipio del mismo nombre.

En su expedición iniciada en diciembre de 1494 por los pueblos indígenas del Cibao central, donde aumentaba la resistencia de los nativos, el Almirante dispuso la fundación de otro fortín llamado La Concepción, situado más o menos a 60 kilómetros al este de La Magdalena. En un lugar indígena llamado Guaricano, asiento del cacique Guarionex, se erigió La Concepción, nombre dado por el Almirante, pues es bien conocida su costumbre de dar a los fuertes y lugares que descubría los nombres del santoral que coincidían con los hechos.

Al igual que los anteriores fortines erigidos en esta expedición, el nuevo fortín era de madera y se levantó el 8 de diciembre de 1494, en un lugar que hoy llaman Los Muñecos, un paraje de Río Verde. El fortín estaba donde se pobló después la vieja villa de La Concepción de la Vega, que tomó el nombre de la misma fortaleza, a la cual el Almirante puso de primer alcaide a un hidalgo llamado Juan de Ayala.

El fortín original hubo de ser desplazado después a varios kilómetros hacia el este, siendo esta vez hecho de mejor forma, para constituirse en la génesis de la nueva villa vegana, pues los cristianos levantaron sus viviendas junto a él. El nuevo emplazamiento “era el mejor de la isla después de La Isabela porque era de tapias y sus almenas y buena hechura duró muchos años”.

Tan pronto Colón erigió La Concepción, mandó a plantar una cruz de madera en la cima de un cerro que ganó fama en la historia dominicana después que el Almirante y sus tropas libraron allí otro combate contra los indios del cacique Manicaotex en los alrededores del fortín La Esperanza, muy distante del lugar donde hoy se venera a la Virgen de las Mercedes.

Según una tradición, los indios victoriosos del primer combate avanzaron hacia el Santo Cerro para destruir la cruz, “pero el sagrado madero se resistió tanto al fuego como al hacha, apareciendo en el acto de la profanación una señora vestida de blanco con un niño en los brazos que, tomada por los cristianos como imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, es saludada con oraciones y lágrimas, lo que dio lugar a que al siguiente día (25 de marzo de 1495) se librara bajo su advocación la sangrienta batalla”.

Así surgió el mito que asocia el desenlace del segundo combate a la supuesta aparición repentina de la Virgen de las Mercedes a favor de los españoles, lo cual nada tiene que ver con la verdad de la histórica. Con motivo de esta leyenda, ha quedado en el imaginario popular la devoción a la Virgen y cada 24 de septiembre (porque la fecha fue cambiada después) miles de feligreses acuden al santuario a rendir cultos a la matrona dominicana.

Imagen que intenta ilustrar la famosa batalla del Santo Cerro de La Vega, librada el 25 de marzo de 1495, dando origen al mito de la aparición de la Virgen de las Mercedes (Fuente de la imagen: Historia Dominicana en Gráfica).

Después del 25 de marzo de 1495, cuando Colón andaba otra vez por el Cibao, quiso aprovechar la ocasión y dispuso el levantamiento de la fortaleza Santiago, al sur de La Magdalena, distante más o menos a diez kilómetros. Era el verano de ese año, tal vez el 25 de julio, Día de Santiago Apóstol. El nuevo fortín se construyó cerca del río Yaque, en su lado norte, donde había otro cerro que no debe ser confundido con el de La Vega o el cerro de Jánico, pues la estrategia de Colón consistía en levantar fortines en colinas o promontorios, preferiblemente con una planicie en su cima. Los posibles lugares para ubicar el fortín de Santiago son La Emboscada, el más probable, y la colina donde se encuentra hoy la fortaleza San Luis.

Antes de su fundación, vivían en los alrededores del río Yaque varias aldeas indígenas que empezaron a desaparecer por diversas razones. Tras la fundación del puesto militar, el último ordenado por el Almirante, vinieron vecinos de La Isabela y de otros emplazamientos militares de efímera existencia, levantaron chozas y otras edificaciones hasta convertir la ‘casa fuerte’ en un importante poblado, el cual será mudado años después a la zona de Jacagua.

Después de los aplastantes triunfos militares de Colón, vinieron las imposiciones de los tributos en oro y en especias a los aborígenes cibaeños, quienes daban muestras de sentirse derrotados y sumisos a la nueva realidad. La mayoría de ellos aceptó las contribuciones forzadas, mientras el Almirante recibía el 19 de agosto de 1495 en La Isabela a Juan Aguado, enviado junto Diego Colón desde España, para averiguar si eran ciertas las acusaciones hechas ante la Corte por los desertores que habían huido de La Isabela, encabezados por el padre Boil y el capitán Margarite.

Cuando Colón volvió a España en marzo de 1496, su hermano Bartolomé quedó a cargo del gobierno insular, fundando las villas de Bonao y la ‘Nueva Isabela’ (Fuente de la imagen: histopediadepuertorico.com/post/bartolomé-colón).

Por las noticias que recibió de Aguado, Colón decidió volver a España de inmediato, pero la ocurrencia de un fuerte huracán que destruyó las naves en que debía volver, se decidió por repararlas, mientras recogía la mayor cantidad de oro y juntaba a decenas de indios esclavos para embarcarlos a España. Antes de su partida el 10 de marzo de 1496, el Almirante nombró a su hermano Bartolomé gobernador de la isla, y ante su posible ausencia, a su otro hermano Diego, recién vuelto a la isla. Se embarcó el Almirante en una carabela y Aguado en otra. En este viaje de regreso iba de todo un poco, pues había que alagar a la reina con oro, indios, madera preciosa y otros bienes. Bartolomé acompañó a su hermano hasta la zona de Puerto Plata, avistada por el Almirante en su primer viaje, porque era su intención fundar allí otra población.

De vuelta a La Isabela, Bartolomé se entretuvo con el cuidado de la administración que su hermano le había confiado. Conocía el Adelantado las noticias dadas por Miguel Díaz y Francisco de Garay, dos españoles que el Almirante había enviado al sur de la isla después del combate del Santo Cerro para comprobar la existencia de ricas y abundantes minas de oro. Díaz y De Garay dirigieron un grupo de hombres armados puestos a sus órdenes. Partieron desde el fortín La Magdalena rumbo a La Concepción y desde aquí se dirigieron unas veces al sur, otras al este y al sudeste, cruzando montañas, ríos y arroyos que serpentean por las hondonadas que encontraban a su paso, y atravesando las llanuras que por entonces sólo podían ofrecerles su verdor y lozanía, llegaron al nitaíno que los naturales de la isla llamaban Bonao, situado en los linderos sur del cacicazgo de Maguá. Siguiendo las sinuosidades de aquel sendero indígena, y dejando a sus espaldas la cordillera Central y el Bonao, llegaron a poco a las márgenes del río que los nativos llamaban Jaina, el cual será vadeado al punto por los expedicionarios.

Conociendo estas informaciones, y viendo las instrucciones que desde España le envió su hermano con Pedro Alonso Niño, para que extendiera su dominio hacia las minas del sur, salió el Adelantado acompañado de soldados y artesanos a finales de 1496 a cumplir con el encargo y dispuso la fundación del puesto militar ‘del Bonao’, distante 37 kilómetros al este del fuerte de La Concepción.

Numerosas aldeas indígenas existían en el valle de Bonao cuando los conquistadores españoles pisaron su tierra por primera vez. Algunos nombres de estas aldeas identifican en el presente a varios ríos, parajes y secciones del municipio.

El puesto militar ‘del Bonao’ se erigió para asegurar las labores en las minas que se descubrieron en sus cercanías. Este fortín de madera se fortaleció después con otros españoles enviados por Bartolomé desde La Isabela para enfrentar posibles ataques de la población nativa.

En la parte llana cercana al fortín, floreció la villa que en sus primeros años no pasaría de unas cuantas casas de españoles, construidas en la aldea del cacique Bonao, donde más tarde se fundó un ingenio de azúcar.

El Bonao de los españoles se fundó en un lugar llamado La Paila, situado a unos diez kilómetros al sur de la actual ciudad de Bonao, muy cercano a las estribaciones menores de la cordillera Central. El nombre La Paila se originó después por haberse encontrado allí un trozo de paila, un utensilio muy usado en los ingenios coloniales.

Tras la fundación del fuerte de Bonao, Bartolomé había escuchado de su hermano la existencia de un puerto en la desembocadura del río Ozama, más beneficioso que el puerto de La Isabela. Las instrucciones que tenía eran llegar hasta la costa sur para fundar otras fortificaciones militares, garantes de la explotación minera. Con mucha gente y bastimentos, de los traídos por Alonso Niño, continuó el Adelantado conforme a la voluntad de su hermano y con este propósito se dirigió a las minas que después serán llamadas de San Cristóbal (en honor al Almirante). Desde allí pasó a la costa sur y después de haberla recorrido, encontró el puerto natural, un santuario casi hecho a la medida por la naturaleza para la edificación de una nueva Isabela.

 

En la margen oriental del río Ozama fundó Bartolomé Colón en 1498 la villa que años después es llamada ciudad de Santo Domingo (Fuente de la imagen: https://co.pinterest.com/pin/475763148131404484/).

 

La ‘nueva Isabela’, llamada así por fray Bartolomé de las Casas, nombre que muy pronto entró en desuso, se fundó en la margen oriental del río Ozama un mes o dos meses antes del tercer viaje de Colón a la isla, quien vino en agosto de 1498. Entre las ventajas que tenían la nueva villa y el fuerte construido en la punta de la tierra, están la profundidad del río Ozama, comprobada por el Adelantado navegando en canoas de los indios, la considerable extensión de una campiña llana, fértil y de un encantador arbolado, enriquecido con abundante agua potable, canteras casi marmóreas y de materiales óptimos para construir edificios.

La ‘nueva Isabela’ se fundó con los españoles que quedaban en la ‘vieja Isabela’, la cual dejo de existir desde 1498, al igual que los fortines Magdalena, Santa Catalina, Esperanza y Jánico. Sobrevivieron los de Santiago, Concepción y Bonao, convertidos después en prósperas villas del Cibao central, la región más rica y productiva de la isla Española. En cuanto a la ‘nueva Isabela’, se sabe que cuatro años después de su fundación es trasladada a la margen occidental del río Ozama, donde pasó a llamarse ciudad de Santo Domingo.

Autor: Filiberto Cruz Sánchez

 

La entrada Villas y fortines construidos por los hermanos Colón en la isla Española, 1492-1498 se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana).

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