En el Registro Civil de la República Dominicana, a los ciudadanos se les inscribe con nombres comunes como Juan, Pedro, Bryan, Kelvin o José, pero en los sectores más vulnerables, la verdadera identidad de muchos surge por obra y gracia del ingenio barrial.
En las esquinas y callejones, detrás de los “motes” o “apodos” con los que se sustituye el nombre de pila de la cédula de identidad, no solo hay un historial con la ley, sino también una radiografía del folclor urbano. Es allí donde un defecto físico, una maña cotidiana o una habilidad para escapar se convierten en un bautizo inquebrantable para toda la vida.
Este fenómeno quedó evidenciado recientemente cuando la Policía Nacional reportó la cifra récord de 195 presuntos delincuentes que decidieron entregarse voluntariamente ante la presión de los operativos y el asedio de la Dirección Central de Investigación (DICRIM).
Llamó la atención el desfile de “alias” que van desde lo temible hasta lo absurdo, que coparon los titulares de medios y redes sociales que se hicieron eco de la información.
También, el “alias” en el entorno delictivo dominicano no es un simple capricho de los amigos, sino una marca que revela la supuesta conducta, el físico, los hábitos o el estatus que la persona que lo lleva busca proyectar en las calles.
ALIAS CONDUCTUALES
Agrupa los “motes” que buscan infundir respeto por la fuerza, delimitar territorio o, sencillamente, dejar clara la especialidad delictiva del individuo. Quien lleva uno de estos “alias” busca que su sola mención sirva de advertencia.
Por ejemplo, “Droga”, con el que se identifica a Bryan Ernesto Prensa, se vincula directamente al negocio ilícito o al consumo que mueve la esquina.
Su caso se convirtió en uno de los más virales del grupo de los 195, tras protagonizar un asalto a mano armada en el sector Villa María del Distrito Nacional. Al verse acorralado y con su video difundido en todas las redes sociales, prefirió entregarse a las autoridades y evitar que le aplicaran el “29”.
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“Yon el Sicario”, el alias de José Alberto Alcántara Vargas, parece una tarjeta de presentación letal que lo define como “ejecutor” de una estructura. Es un título que el portador suele usar para intimidar a bandas rivales antes de que la presión de la Policía lo obligue a deponer las armas. Se le acusa de doble homicidio en el sector Buenos Aires de Herrera.
“El Malo” es un mote que apela a la conducta antisocial y con el que se conoce a Kelvin Fermín Sierra, haciendo honor a su historial en Las Terrenas, donde, según la Policía, era activamente buscado por múltiples órdenes de arresto debido a constantes robos y atracos en residencias de la zona.
¡Por qué en los barrios dominicanos tiene más peso que el nombre de pila
“Maneo”, sobrenombre con el que se conoce a Yeicol Carmona Martínez, se relaciona con la astucia, la agilidad y la destreza callejera para evadir a los rivales o a la misma autoridad, hasta que el cerco policial hizo que, acompañado de su madre y un pastor evangélico, se entregara. Se le acusa de supuesto intento de homicidio y agresión con arma de fuego.
“La Bolanta”. Así se conoce a Daurys de los Santos Aguirre, vinculado estrechamente al mundo de los motores y la velocidad. Se le atribuye la supuesta coautoría en un doble homicidio agravado.
“Cebastian” es un nombre con falta ortográfica para identificar a Manuel Ezequiel Lebrón Mariano en los archivos policiales de Barahona. Se le atribuye ser reincidente en múltiples actos delictivos, asalto a mano armada e intento de homicidio.
LA PARADOJA CON “CEBASTIAN”
Acudió junto a su sobrino de 18 años, Yorman Manuel Pérez, y su abogado a la Fiscalía y al destacamento policial de Barahona para entregarse por miedo a caer abatido en uno de los “intercambios” de disparos, pero en el cuartel se negaron a recibirlo bajo el argumento de que debían entregar primero las armas de fuego que alegadamente poseían.
Ante esa situación, viajaron a la capital y se presentaron en la sede principal de la Policía, donde fueron puestos bajo arresto formal.