La Sociedad Industrial Dominicana era un ejemplo de empresa integrada desde la selección de la semilla, el terreno, los insumos para mejorar la productividad de la tierra, la siembra, el cuidado de los sembrados, la cosecha, almacenamiento, procesamiento, envasado, venta y cobro de su producto estrella: el aceite El Manicero.
Era una empresa netamente dominicana desde el inicio hasta el final y, además, producía y vendía un excelente producto realmente proveniente del maní.
La Manicera, como la conocía el pueblo, fue creada por Trujillo y un escogido grupo de sus amigos, quienes contribuyeron a la sustitución de la manteca, que se empleaba entonces para cocinar, por aceite de maní.
La Manicera era un verdadero banco agrícola, financiaba la siembra y cosecha del maní con agencias en todos los puntos principales donde se fomentaba la producción.
Todo marchó viento en popa. La empresa mantuvo una política de personal independiente del trato que daba el gobierno a sus empleados. Trabajar para la SID era apetecido, por los servicios y seguridades de buen salario y trato humano a los servidores de la empresa.
Siempre me precio de mi excelente memoria y recuerdo una fotografía publicada en El Caribe mientras don Santana Bonetti encabezaba un grupo de empresarios que anunciaban la creación del sueldo doble navideño: el pascualito.
Todo ese esfuerzo permanente por mantener y mejorar la calidad del producto y la mejoría para el personal se vio en peligro cuando Estados Unidos produjo una ley, creo que era la 480, para “ayudar” a los países productores de aceites comestibles.
Toneladas de aceites comestibles norteamericanos ahogaron La Manicera y desapareció aquel ejemplo de empresa agroindustrial exitosa y beneficiosa para el país, que tanto empleo y tanto dinero movía anualmente.
Los Estados Unidos tienen como política vender sus excedentes de bienes producidos con subsidios y, además, por debajo del costo les resulta más beneficioso venderlos que lo que les cuesta mantenerlos almacenados.
La invasión de aceites “comestibles” norteamericanos produjo hasta la venta de un aceite, supuestamente de maíz, que se determinó que era un fiasco, un engaño, un robo; así también se hace comercio.
Años de lucha buscando y produciendo semillas mejores y mejoradas de arroz hasta lograr el ansiado, costoso y muy esperado autoabastecimiento de arroz y ahora viene esto de que el arroz gringo va a entrar al país sin pagar impuestos. ¡Tamaña vaina!
¿Correrá el importante renglón de la producción de arroz el destino, desagradable y costoso, del negocio del aceite comestible de maní?
El ratón vence al cangrejo quitándole al una pata primero y otras después, hasta que sólo queda un cascarón que se transporta fácilmente y sin peligro.