“Primum non nocere” es una antigua expresión latina a la que el juramento hipocrático hace referencia para recordarle a los galenos que en la práctica de su profesión lo primero es no hacer daño. A pesar de lo milenario de dicha advertencia, aún en el siglo XXI se siguen cometiendo pifias en perjuicio de los enfermos, muy a pesar de todas las medidas de precaución tomadas para evitar el percance. Al filósofo estoico Séneca se le atribuye la frase: “Errar es humano”. El poeta Alexander Pope lo ha tratado de endulzar con el corto verso: “Perdonar es divino / y rectificar es de sabios”. Sin embargo, muchos códigos judiciales condenan con penas que varían desde millonarias multas hasta el encarcelamiento de los infractores.
Recientemente, en los Estados Unidos, una mujer de 74 años a quien se le diagnosticó cáncer en una pierna fue sometida a la amputación del miembro afectado. Al despertar de la anestesia notó que le habían removido el miembro inferior sano. De más está decir que su abogado ha formulado una fuerte demanda. El equipo que operó a la desventurada tendrá que pagar por el error. Empezando nuestro entrenamiento médico en Chicago en el año 1969, nos marcó para siempre el caso de una dama operada por cáncer de mama a quien se le extirpó la glándula equivocada. Aún no había despertado la paciente cuando el departamento de patología del hospital advertía acerca del espécimen extraviado que se había recibido.
En la República Dominicana la situación pudiera resultar peor, ya que a menudo se trata de encubrir el error, con lo cual se agrava el descuido o la impericia. Tengo presente el caso de una especialista en ginecología y obstetricia quien realizó un parto vía cesárea a una multípara que había solicitado una esterilización mediante el corte y ligadura de las trompas de los ovarios. En menos de dos años la desdichada mujer volvió a salir embarazada y reclamó mediante acta judicial la compensación por daños y perjuicios, debido a que se le había cobrado por un procedimiento que no se había llevado a cabo. La acusada consiguió un falso informe patológico en el que se aseguraba que dos segmentos de trompas ováricas habían sido extirpados. Cuando se revisaron los archivos fue cuando se notó que el reporte de la biopsia era una copia falsificada para justificar el descuido quirúrgico.
No es raro observar apéndices vermiformes extraídos de jovencitas que a mitad del ciclo menstrual se quejan de dolor en un lado bajo del vientre. Dicho malestar con frecuencia se debe al fenómeno ovárico natural denominado ovulación, que se ha confundido con un proceso inflamatorio intestinal. Abogados inescrupulosos, en complicidad con galenos livianos de ética, hacen una mutual deshonrosa para ocultar ante los tribunales de la República una mala práctica médica. Desde errores diagnósticos sin graves consecuencias para la vida del enfermo hasta fatales transfusiones de sangre equivocada llenan el anecdotario de hospitales y clínicas. La disciplina en la aplicación de las guías y protocolos en el manejo de los enfermos ayuda a reducir los errores de la práctica médica. Cuando resultan fatales las inobservancias, entonces es cuando en la mesa de autopsia los cadáveres evidencian los errores que convirtieron a un vivo en difunto.