Santo Domingo.- Ante el auge de influencers y empresarios mediáticos que impulsan posibles candidaturas políticas, el ensayista y filósofo, José Mármol hizo la noche de este lunes una advertencia lapidaria: «No permitamos que la mediocracia y su mirada miope, junto a las ideologías populistas e irresponsables, lleguen a imponerse en nuestra sociedad como presuntas alternativas de futuro, quebrantando los pilares de la razón, el bien común, la convivencia y la libertad«.
Mármol al ser envestido como Doctor Honoris Causa de la Universidad APEC en un acto en el Teatro Nacional, desde el podium, en su discurso de aceptación, hizo tres reflexiones, la primera sobre la educación, la segunda sobre la hipermodernidad que amenaza con una irreversible quiebra de la ética y del proyecto humanístico a gran escala y la tercera referida a la palabra como horizonte inagotable ante la fascinación estética de nombrar lo innombrable.
En el entendido de que la Inteligencia Artificial y el uso abusivo de los medios digitales está creando una cultura del click y desinterés por lo humano y lo colectivo, vamos a enfocar este trabajo en destacar las preocupaciones del filósofo en estas temáticas.
Mármol advierte que debemos ofrecer «resistencia humanística» a lo que considera la «seducción ilusoria» de las plataformas virtuales que distraen y que absorben la atención y que define como «espectáculo trivial, efímero y ruidoso«. Por esa razón entiende el filósofo que no debemos dejar que esa plataforma trivial desplace «la auténtica cultura«.
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Su reflexión partió de reconocer que como humanidad estamos inmersos en el torbellino de la hipermodernidad y la globalización, la cual es una época de «acelerados y angustiosos cambios» y hace un llamado de que se debe tener cuidado, ya que la «hipermodernidad» es una amenaza radical e irreversible que podría quebrar «la ética y el proyecto humanístico a gran escala«.
Abogó porque se definan «paradigmas de control y propósitos constructivos» y lo hace porque los propios tecnólogos y filósofos de las tecnologías tienen miedo a que la evolución autónoma de la inteligencia artificial sea descontrolada y que la «automejora» de este tipo de sistemas se convierta en un «peligro cósmico». Ya Bill Gates lo advirtió, la IA descontrolada podría matar a mil millones de personas.
«No hay que ser tecnófobos, pero tampoco tecnólatras; hay que vigilar en favor de la dignidad humana las ambiciones desenfrenadas de «los señores del aire», como llama el filósofo Javier Echeverría a las grandes compañías que controlan las nubes de datos y ejercen la tecnodominación neofeudal«, advierte.
Asegura que debemos evitar a toda costa delegar en la IA «las tareas esenciales de pensar y de de crear, lo que va en detrimento del desarrollo de nuestro cerebro, de nuestra huella ontológica y de llevar nosotros, como especie sapiens, las riendas de la automatización y la innovación digitales. Entregar a la inteligencia artificial la competencia lingüística, la facultad de pensar y nuestra memoria, atributos genuinos del humano, es —como ha advertido el pensador e historiador Yuval Noah Harari— poner en el riesgo de la irrelevancia absoluta a toda la especie humana y su legado histórico«, concluye.
Se lamenta en que «estamos, y es penoso admitirlo, alienados en el delirio consumista del «clico, luego soy» propio de las pantallas, que se opone diametralmente al «pienso, luego existo» cartesiano«. Y todo esto en el entendido de que la «tecnología habrá de ser siempre un recurso y no un sustituto radical de la capacidad humana; de lo contrario, correríamos el riesgo de abonar el terreno para la creación de una «sociedad de cretinos digitales», como ha demostrado en sus estudios el filósofo y neurocientífico Michel Desmurget«.
Si quiere ver el acto completo de investidura, puede acceder a este link acá debajo: