Debemos aprender a confiar plenamente en Dios y llevar delante de él nuestras peticiones cada día. Aunque haya pasado mucho tiempo y todavía no veas aquello por lo que has estado orando, no abandones la oración ni permitas que la espera debilite tu fe. Continúa buscando a Dios porque él conoce tu necesidad y tiene el tiempo perfecto para responder.
La Palabra nos enseña que Dios permanece fiel a ella. Por eso, necesitamos desarrollar una relación íntima con él: una relación que nos permita permanecer firmes aun cuando las circunstancias parezcan decir lo contrario.
No te rindas en medio del proceso. Quizás hoy sientas que nada está sucediendo, pero Dios sigue obrando aun si tus ojos no pueden verlo. Cuando te postras y derramas tu corazón en oración, estás reconociendo que tu esperanza no depende de lo que ves, sino de Aquel en quien has creído.