Cada publicación del informe PISA genera, por unos días, un revuelo en la República Dominicana. Es la fotografía comparativa de cómo se coloca el país en la evaluación internacional de estudiantes en áreas claves: lectura comprensiva, matemáticas y ciencias.

Siempre este país sale mal en la comparación, aún en relación con países latinoamericanos incluidos en la medición.

Por suerte, al pasar el tiempo, han mejorado algunos números en la comparación consigo misma. O sea, a los estudiantes dominicanos les fue mejor en el 2025 que en 2015 en ciencias y lectura, no así en matemáticas. Podemos decir entonces que avanzamos un poquitito.

En el revuelo algunos proclaman que el 4% del PIB para la educación no ha dado los frutos esperados, y, por tanto, hay que eliminarlo. Ojo con eso: reducir la inversión pública en educación no es la solución; mejorar la eficiencia en la utilización de los recursos, sí.

La educación dominicana enfrenta muchos desafíos. Hay buenos especialistas que han diagnosticado los problemas y ofrecen propuestas para enfrentarlos. Muchas de sus sugerencias, lamentablemente, se quedan engavetadas.

En el espacio que permite este artículo resalto aquí algunas ideas generales que me parece ayudarían a destrabar nudos que dificultan el avance. No voy a decir nada trascendental, solo sentido común.

El Ministerio de Educación (Minerd) tiene que operar con los mayores niveles de eficiencia. La persona que dirija el ministerio nunca debe ser un político con aspiraciones presidenciales, ni los partidos deben usar ese ministerio para financiar sus campañas o clientelas políticas. ¿Será posible lograrlo?

La Dirección General de Contrataciones Públicas debe dedicar esfuerzos especiales para garantizar la idoneidad y transparencias de las compras y contrataciones del Minerd. Es el ministerio con más recursos asignados, aunque la mayor parte (cerca del 70%) se destina a nóminas.

La Asociación Dominicana de Profesores (ADP) debe entender que, si se concentra en ser un sindicato irresponsable, perderá lo más por lo menos. Los maestros han sido altamente beneficiados con la asignación del 4% a través de aumentos salariales e incentivos. Las huelgas durante horas de docencia tienen que acabar. Hay que dar clases en horas de clase.

El magisterio dominicano tiene que ir renovándose. El Minenrd, a través de las instituciones de educación superior, debe entrenar jóvenes con talento que tengan la vocación y los incentivos para ingresar al magisterio en el sector público. La docencia no puede ser la opción de los que no lograron mejor empleo en otro sector.

El Minerd debe desarrollar un programa nacional de involucramiento de padres de los estudiantes a las escuelas públicas. Sin su participación, las escuelas carecen de control de quienes tutelan a los estudiantes que reciben el servicio.

Para enseñar competencias básicas, como lectura comprensiva, no se necesitan celulares ni tabletas. Se necesita el libro, el cuaderno, la dedicación de los maestros, la atención de los estudiantes, y dinámicas pedagógicas apropiadas (no olviden enseñar dicción).

Las escuelas públicas dominicanas tienen que ser espacios de organización y seguridad para fomentar el aprendizaje. Sin eso, también será difícil reclutar buenos maestros.

¡Manos a la obra!

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