Al momento del triunfo revolucionario, el 1 de octubre de 1949, China estaba devastada y desangrada tras largos años de lucha contra la brutalidad de la ocupación japonesa y un gobierno dictatorial que tenía sumida en la pobreza a la gran mayoría de sus 542 millones de habitantes.

El Producto Interno Bruto (PIB) apenas llegaba a los 12 mil millones de dólares confirmando al país como uno de los más pobres del mundo. El 80% de los habitantes era analfabeto y la esperanza de vida era de apenas 40 años.

Tras una reforma agraria radical contra el latifundio imperante, y el inicio de los planes quinquenales a partir de 1954, la nación comenzó a caminar aceleradamente hacia el desarrollo.

Con los 4 impulsos modernizantes a partir del año 1978 – entonces con 800 millones de individuos y un PIB de 150 mil millones- sustentados en gran apertura y modernización integral, proceso que, en estricto rigor, no se ha detenido desde entonces y es catapultado hoy con la ejecución del XV Plan Quinquenal 2026-2030.

Su impetuoso desarrollo industrial la llevó a ser vista como la “fabrica del mundo”. Su PIB la posiciona detrás de Estados Unidos, sin embargo, desde 2015 el Fondo Monetario Internacional (FMI) la considera la economía más grande del planeta por PPA -Paridad de Poder Adquisitivo, que el FMI prefiere al medir el poder adquisitivo entre distintas naciones de una cesta precisa de bienes- considerándola un 136% de la de EE. UU. aunque, en términos del PIB, es aproximadamente el 70% de la misma.

China aporta el 25% de la manufactura mundial y exporta 3,8 millones de millones de dólares, 14% del total mundial, ganándose también el término “mercado del mundo”.

Atesora reservas mundiales de 3,4 millones de millones, nunca alcanzada por ninguna otra potencia. Es líder, en patentes, marcas y diseños. Es también la entidad que más patentes emite.

Según reportes, es el país que más aporta a la investigación científica de alta calidad. Primer lugar en investigación en 66 tecnologías.

En la Fortune Global 500 unas 130 empresas son chinas, pero 142 del total tienen su sede en China. Acoge 3 de los centros más competitivos del mundo: Hong Kong, Shanghái y Beijing.

También tiene tres de las bolsas de valores más grandes del mundo: Shanghái, Shenzhen y Beijing. De los 100 bancos del ranking global 21 son chinos. El objetivo hoy es alcanzar una producción más avanzada.

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