Brasilia.- Brasil cumple tres décadas desde la implementación de su urna electrónica, un sistema que transformó la manera de votar en el país y que surgió como respuesta a décadas de irregularidades y dificultades para garantizar la seguridad de los procesos electorales.

Antes de la adopción del sistema electrónico, eran conocidas distintas modalidades de fraude electoral. La “hormiguita”, por ejemplo, hacía referencia a electores que recibían dinero para depositar en las urnas papeletas previamente marcadas, mientras que la “mano mágica” y el “pico de pluma” dependían de maniobras realizadas por fiscales.

También estaba la llamada “urna embarazada”, término utilizado para describir urnas que supuestamente llegaban a los centros de votación con votos previamente introducidos.

En ese contexto, el Tribunal Superior Electoral (TSE) impulsó la búsqueda de una alternativa tecnológica que permitiera reducir la intervención humana en el proceso de votación.

Una creación brasileña

La urna electrónica fue concebida por un grupo de cinco investigadores que recurrieron a conocimientos desarrollados en Brasil en materia de automatización.

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Uno de ellos fue el matemático Giuseppe Janino, exsecretario de Tecnología de Información del TSE, quien recuerda que el nuevo sistema tuvo detractores desde sus primeros años.

«Desde que nació la maquinita, siempre ha tenido adversarios”, relató Janino a EFE.

Los primeros cuestionamientos estuvieron relacionados, según explica, con la resistencia de sectores vinculados al fraude electoral y con el desconocimiento que existía entre buena parte de la población sobre el funcionamiento de la informática.

Con el paso de los años, la urna electrónica se convirtió en una herramienta habitual de las elecciones brasileñas. Sin embargo, las dudas sobre su funcionamiento volvieron a adquirir fuerza a partir de 2018 y pasaron a formar parte del debate político.

Pruebas de seguridad

El sistema fue diseñado para funcionar sin conexión a internet ni a otras redes, contar con batería propia y ser resistente y fácil de transportar.

También se tomaron en cuenta las necesidades de ciudadanos que nunca habían utilizado un ordenador o que tenían dificultades de lectura.

Por ello, el teclado de la urna se inspiró en el de los teléfonos y la pantalla incorpora fotografías de los candidatos, entre otras características destinadas a facilitar la votación.

Desde 2009, la Justicia electoral brasileña organiza pruebas públicas de seguridad en las que especialistas, incluidos investigadores de seguridad informática, pueden intentar identificar vulnerabilidades en los sistemas.

Antônio Ésio Salgado, ingeniero del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y otro de los investigadores que participaron en el desarrollo del dispositivo, continúa vinculado a la comisión que evalúa estas pruebas.

El objetivo de estos ejercicios es identificar posibles fallos y realizar mejoras en los mecanismos de seguridad.

De las primeras pruebas a su uso nacional

Las primeras urnas electrónicas fueron utilizadas en 1996 en las capitales y en ciudades brasileñas con más de 200,000 habitantes.

Su implementación se amplió en 1998, y el sistema pasó a utilizarse de manera universal en las elecciones de 2000.

Dos años después, en 2002, la urna electrónica fue utilizada por primera vez en una elección presidencial, proceso en el que Luiz Inácio Lula da Silva resultó elegido presidente por primera vez.

La tecnología también modificó la manera en que los resultados electorales son contabilizados y divulgados, reduciendo el tiempo necesario para conocer los resultados frente al sistema basado exclusivamente en papeletas.

Seguridad y disputa política actual

Pese a su consolidación, la urna electrónica volvió a estar en el centro de la discusión política brasileña durante los últimos años.

El expresidente Jair Bolsonaro cuestionó reiteradamente la seguridad del sistema y planteó dudas sobre las elecciones electrónicas, incluso durante encuentros con embajadores extranjeros.

Bolsonaro fue declarado inelegible en 2023 por la Justicia Electoral. Entre los hechos considerados en el proceso estuvo una reunión con embajadores en la que cuestionó el sistema electoral brasileño.

En el actual escenario electoral, Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente, también llegó a relacionar las urnas electrónicas con el Gobierno de Venezuela, una afirmación que fue desmentida por la Justicia Electoral y posteriormente corregida por el propio senador.

Mientras tanto, los defensores del sistema destacan los mecanismos de auditoría y las pruebas de seguridad a las que son sometidos los dispositivos.

Tres décadas después de su aparición, la urna electrónica continúa siendo una de las principales características del modelo electoral brasileño y permanece en el centro de un debate que combina tecnología, seguridad, confianza pública y política.

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