En el contexto de la visita de tres días del presidente Luis Abinader a Santiago, orientada a impulsar la culminación exitosa de importantes obras, valoramos como significativa la realización en este territorio del Registro de Oferta de Edificaciones (ROE). Iniciativa pública que recolectará información sobre la dinámica constructiva de 218 barrios.
Matemáticamente deberían incluirse, crecimiento promedio anual de la huella urbana edificada; extensión de los servicios de agua y saneamiento, drenaje pluvial y áreas verdes de edificios; desviación estándar del tamaño promedio de solares edificables y la microzonificación sísmica del suelo de las construcciones.
Disponer de información sobre edificaciones, usos, localización y dinámica de construcción constituye una condición para fortalecer el ordenamiento territorial. El auspicio del Ministerio Hacienda y Economía y la Oficina Nacional de Estadística, fortalece la generación de datos útiles al desarrollo.
El ROE debiera trascender al “inventario estadístico” y conectarse con instrumentos de planificación formales. El dato sobre una edificación adquiere verdadero valor cuando permite relacionar edificio, densidad, áreas verdes, movilidad, servicios, riesgos, vialidades y economía. El objetivo no debiera ser cuántos edificios existen, sino comprender qué ciudad construimos.
La planificación estratégica parte de una premisa: conocer el territorio es indispensable para anticipar sus transformaciones. El ROE contribuye a identificar corredores de expansión urbana, concentración de inversiones, cambios de densidad, nuevas centralidades, presión sobre infraestructuras, déficit de equipamientos, expansión periférica y transformaciones del suelo.
No puede evaluarse únicamente el edificio. Hay que valorar el territorio que ese edificio transforma. El crecimiento inmobiliario puede ser un extraordinario motor de generación de empleo, modernización urbana y valorización territorial, pero requiere reglas, información pública, coordinación y visión estratégica.
Desarrollo inmobiliario con responsabilidad. Las ciudades deben convertirse en territorios capaces de atraer inversión de manera competitiva, pero con ética. Si se quiere más inversión, viviendas, comercios, hoteles, industrias, infraestructura; la inversión más que ocupar el suelo, debe articular ciudad como sujeto colectivo.
El ROE facilita la cooperación técnica entre ayuntamientos y sector privado. Evita confrontaciones innecesarias y procura que inmobiliarios encuentren reglas previsibles, información confiable y procedimientos transparentes.
Ordenar el territorio no significa frenar la inversión. Por el contrario, es crear condiciones para que esta tenga mayor seguridad jurídica, menor incertidumbre, mejor localización y mayor capacidad para generar valor urbano y calidad de vida.
El ROE evolucionará hacia un sistema de inteligencia territorial, capaz de integrar información de Santiago con la dinámica de Puñal, Tamboril, Licey al Medio, Villa González y demás territorios. Se impone planificar metrópolis o regiones de desarrollo, pero nunca islas municipales.