Aunque a destiempo, muchos están opinando ya sobre quién ganará las elecciones en el 2028. Aunque a regañadientes, quiero expresar algunas opiniones y predicciones muy tempraneras.

Durante unos 17 años los únicos candidatos presidenciales eran Juan Bosch, Joaquín Balaguer y José Francisco Peña Gómez. Luego vino un período de casi 40 años durante los cuales nuestros presidentes fueron Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía, Joaquín Balaguer, Leonel Fernández, Danilo Medina y el actual, Luis Abinader, todos del Partido Reformista, el PRD, el PLD y el PRM. Constitucionalmente ni Abinader ni Medina pueden ser candidatos dentro de dos años, pero, lamentablemente, sí lo puede ser Leonel Fernández, a pesar de haber sido presidente durante tres períodos, por lo que un cuarto período implicaría volver a los ya superados tiempos de Buenaventura Báez y Joaquín Balaguer. Además, Fernández tiene una alta tasa de rechazo y puede contar como su sustituto con su hijo Omar.

Cuando comencé a hacer encuestas con Mark Penn en 1981, es decir, hace casi 50 años, apenas un 7% de la población decía que no pertenecía ni simpatizaba con partido alguno, o sea, que era independiente. Hoy día un 44%, casi la mitad del electorado, se declara independiente lo que hace mucho más incierto predecir el resultado electoral. Durante nuestras primeras elecciones posdictadura, un porcentaje muy alto de los votantes acudía a las urnas, uno de los más altos de América Latina. Hoy día, sin embargo, la abstención es bastante alta, 46% en el 2024, es decir casi la mitad de los votantes. Según encuestas no se vota porque ningún candidato convence, o por la falta de confianza en el sistema político, o la carencia de propuestas buenas. Otros simplemente dicen que no les interesa la política, donde alegan hay mucha corrupción. La abstención es más alta aún entre los votantes de la diáspora, quienes cada día se interesan menos por un país en el cual ya no residen. Apenas un 19% de los inscritos en el exterior acudieron a votar en el 2024. El costo por votante de la diáspora deviene cada vez más caro, representado por los gastos de las oficinas de la JCE en el exterior.

Es probable que en las elecciones presidenciales del 2028 el candidato de la Fuerza de Pueblo haya sido presidente durante tres ocasiones y el del PLD ya lo fue, perdiendo en las presidenciales del 2024. Consecuentemente, entre los aspirantes de los partidos mayoritarios, tan solo él o la del gobierno, no haya sido candidato presidencial. Como resultado, el votante en el 2028 enfrentará un menú de pocos productos nuevos o frescos.

La combinación de un alto nivel de independientes y de abstencionismo se debe al desencanto de los votantes dominicanos con los partidos políticos y sus líderes, preocupándoles hoy día un elemento nuevo, la violencia, agregando que es perenne la preocupación por el alto costo de la vida y el desempleo.

Como es improbable que el PRM logre el 50% de los votos en la primera vuelta, tratará de ir aliado con los pequeños partidos y los llamados “influencers”, ofreciéndoles cargos en un nuevo gobierno. El PLD y la Fuerza del Pueblo hasta hace pocos años eran un solo partido y en las elecciones del 2028 uno de los dos terminará desplazado a un tercer lugar. Actuarían inteligentemente si van unidos en esa contienda, pero, aparentemente las diferencias personales entre sus principales líderes son demasiado fuertes como para lograr ese acuerdo. Es decir que predominaría la pasión en vez de la inteligencia.

Existen dos nuevos fenómenos externos al país. Por un lado, en las últimas elecciones latinoamericanas ha ganado la derecha, ya sea en Perú, Ecuador, Chile, Colombia o Argentina y también en algunos países centroamericanos. Pero es difícil que ese fenómeno se reproduzca en la República Dominicana pues nuestros partidos ya no generan actitudes ideológicas. Si se me preguntara quién es más de derecha, el PRM, el PLD o la Fuerza del Pueblo, yo no tendría respuesta.

Por otro lado, hay un factor muy nuevo, y es que el presidente de Estados Unidos Donald Trump está mencionando públicamente al candidato latinoamericano que favorece. Eso ha ocurrido en Argentina, Chile y Colombia, para solo citar algunos casos. Si Trump mantiene esa política de intervención pública en el caso dominicano, no sabemos si eso beneficiaría o perjudicaría al candidato señalado. Por un lado, muchos piensan que un candidato apoyado por el país que más ha influenciado sobre la República Dominicana en los últimos 65 años es un candidato a quien apoyar, pero muchos otros piensan que esa influencia externa refleja un imperialismo e intervencionismo desagradable y no saludable, y que no se debe votar por quien recibe ese tipo de apoyo.

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