Se han resuelto innúmeros problemas públicos, pero todavía hay cuatro desafíos para convertir la estabilidad económica en legado presidencial de calidad de vida. El tramo presidencial final 2026-2028 puede transformarse en ventana de oportunidad para el binomio Luis Abinader-Raquel Peña.
No se trata de resolver todos los problemas nacionales en 24 meses, sino identificar desafíos críticos que pueden ser enfrentados con decisión, recursos, coordinación y resultados medibles.
La estabilidad macroeconómica, asistencia social y capacidad de negociación internacional, incluyendo los aranceles con la administración de Donald Trump, ofrecen plataforma desde donde concentrar gestiones rápidas en cuatro grandes tareas: reducir mortalidad por accidentes; elevar control social de calidad en educación y salud; prevenir muertes por enfermedades cardíacas y arborizar masivamente las vías.
Recuerdo que, en 2016, invitado por la ACIS como director del Plan Estratégico, participé en un encuentro en el teatro de la PUCMM. Me correspondió formularle a Luis Abinader una pregunta que también habíamos planteado a otros candidatos y presidentes: ¿Cómo programaría una buena inversión en Santiago y el Cibao?
Mientras otros respondían con evasivas o sostenían que la inversión pública debía concentrarse en territorios pobres, Abinader planteó una idea diferente: invertir en Santiago y el Cibao significa generar capacidades, riqueza y modelos con posibilidades de expansión nacional.
El tiempo parece haberle dado la razón. Hoy Santiago y el Cibao son importantes receptores de inversión y, simultáneamente, espacios desde donde se planifican soluciones replicables para otros territorios. Corresponde hoy dar el siguiente salto: convertir estabilidad en impacto humano.
La mortalidad por accidentes requiere un operativo nacional permanente, liderado al más alto nivel, articular Intrant, Digesett, alcaldías, ministerio público y sociedad civil. Alcoholímetros, controles digitales de velocidad, pruebas de realidades virtuales, donaciones de cascos, educación vial y fiscalización no son utopías: funcionan en diversos países. Costa Rica, mediante su Consejo Seguridad Vial (Cosevi), ofrece experiencias aprovechables que conocemos.
Las muertes prevenibles por enfermedades cardíacas también pueden reducirse mediante auditorías de mortalidad, capaces de identificar dónde, cuándo y por qué se pierden vidas. Revisar abastecimiento adecuado de medicamentos antihipertensivos, APP control de ejercicios físicos, glucosa y colesterol.
En educación y salud urge fortalecer un riguroso control social de calidad administrativa, mediante concursos transparentes para posiciones directivas y comités ciudadanos independientes de vigilancia en escuelas y hospitales.
Finalmente, arborizar las principales avenidas permitiría sembrar miles de kilómetros de vías verdes, reducir calor urbano, mejorar paisaje, apoyar la salud del corazón y reducir gases tóxicos. Cuatro desafíos. Veinticuatro meses. Posible legado: transformar estabilidad económica en calidad de vida.