Bancas de lotería, apuestas deportivas y otras modalidades forman parte del paisaje cotidiano de las calles dominicanas. El recorrido por cualquier ciudad revela hasta qué punto el juego de azar se ha extendido.
La magnitud de la actividad no deja de sorprender: más de 30,000 bancas de lotería y cerca de 2,000 bancas deportivas cuentan actualmente con licencias para operar, sin incluir un número adicional todavía pendiente de regularización. Se trata de una actividad lícita que la población adulta puede realizar libremente, pero no resultan aceptables las condiciones en las que se desarrolla.
El crecimiento del sector ha desbordado la capacidad del Estado para regularlo, fiscalizar sus ingresos y hacer cumplir disposiciones tan elementales como las distancias entre establecimientos. A esto se agrega una dimensión social que genera tanta preocupación como la tributaria. La exposición permanente al juego, especialmente entre jóvenes y sectores vulnerables, contribuye a normalizar una actividad que puede desembocar en adicción y destruir la estabilidad económica y familiar.
El desafío se hace mayor con las apuestas virtuales, pues la tecnología ha llevado el juego hasta los teléfonos celulares. Las paredes de una banca y las distancias establecidas por la ley sirven de poco cuando el juego cabe en un bolsillo y puede practicarse a cualquier hora. Regular esa nueva realidad exigirá bastante más que otorgar licencias.
La segunda entrega de HOY A FONDO, que circula en esta edición, se adentra en ese mundo y recoge las posiciones de autoridades y actores vinculados al sector.
El resultado muestra una realidad compleja, llena de intereses encontrados y con demasiadas preguntas todavía pendientes. La expansión de las apuestas ha ocurrido con mucha mayor rapidez que la capacidad del país para decidir cómo quiere regularlas y contener sus consecuencias.
Ya es hora de cerrar esa brecha.