¿Cuántas veces nos desgastamos tratando de alcanzar algo y terminamos depositando nuestra esperanza en alguna persona pensando que de allí vendrá nuestra bendición?
Con facilidad ponemos nuestra mirada en aquello que conocemos o creemos que es nuestra fuente de bendición. Pero nuestra realidad es otra porque nuestra bendición no depende de una persona ni de una circunstancia; nuestra fuente verdadera es Cristo Jesús.
El desafío está en aprender a dejar de vivir gobernados por lo terrenal para comenzar a discernir lo celestial. La Palabra nos enseña que Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Lo que Dios tiene para nosotros es sobrenatural.
Aprendamos a mirar hacia arriba, a vivir en el Espíritu y a caminar en aquello que Dios ya preparó para nosotros, que no se compara con lo que hemos visto o conocido.