Ciudad de México.- Mesoamérica busca acelerar sus esfuerzos para cumplir la meta de conservar al menos el 30% de las áreas terrestres, aguas continentales y zonas marinas para 2030, un desafío que implica no solo ampliar las superficies bajo protección, sino garantizar su conservación efectiva, conectividad y financiamiento.

Ese será uno de los principales ejes del Foro Regional Mesoamérica hacia el 30×30, que reunirá el 1 y 2 de septiembre en Mérida, en el sureste de México, a autoridades ambientales, pueblos indígenas, organizaciones civiles, científicos y organismos de cooperación y financiamiento.

La llamada Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado por los países en 2022, establece que, para finales de esta década, al menos tres de cada diez hectáreas terrestres y marinas del planeta deberán estar conservadas y gestionadas eficazmente.

Pero alcanzar el denominado 30×30 supone algo más que incrementar el número de áreas protegidas: requiere construir sistemas de conservación representativos, conectados entre sí, con una gestión eficaz, esquemas de gobernanza equitativos y financiamiento sostenible.

Esto incluye, además de parques y reservas tradicionales, las llamadas Otras Medidas Efectivas de Conservación basadas en Áreas (OMEC) y territorios bajo distintos modelos de gestión, entre ellos aquellos administrados por Pueblos Indígenas y comunidades locales.

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El reto de la conservación transfronteriza

La biodiversidad mesoamericana plantea, además, un desafío particular: muchos de sus ecosistemas, cuencas, corredores biológicos y grandes extensiones forestales atraviesan las fronteras nacionales, por lo que su conservación difícilmente puede resolverse únicamente desde políticas internas.

Un ejemplo es el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, que articula esfuerzos de México, Guatemala y Belice en uno de los mayores bloques de selva tropical de Mesoamérica y combina conservación, restauración, conectividad ecológica y desarrollo sostenible.

Ese tipo de experiencias puede servir como referencia para avanzar hacia una conservación regional en la que áreas protegidas, territorios indígenas, corredores biológicos y paisajes productivos dejen de funcionar como espacios aislados.

La región cuenta, además, con experiencias de cooperación ambiental, modelos comunitarios de gestión y mecanismos regionales sobre los que los participantes buscarán apoyarse para traducir los compromisos internacionales en acciones concretas.

Sin embargo, el desafío incluye conectar las políticas ambientales con las agendas agrícolas, económicas y financieras y, sobre todo, movilizar los recursos necesarios para que las decisiones tomadas a escala internacional puedan ejecutarse en los territorios.

De proteger más a proteger mejor

El desafío del 30×30 no es solamente conservar más, sino conservar mejor: con derechos, con participación, con ciencia y con recursos”, señaló Úrsula Parrilla, directora regional de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para México, América Central y el Caribe.

Para Parrilla, Mesoamérica cuenta con conocimiento, experiencias y mecanismos de gobernanza, pero necesita “conectar esas soluciones, acelerar su implementación y asegurar que los compromisos internacionales se traduzcan en resultados visibles en los territorios”.

El foro de Mérida es organizado por la UICN, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), en alianza con la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD).

Además, cuenta con el apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), a través del Programa Integrado Bosques de Mesoamérica; el KfW Banco de Desarrollo Alemán, mediante las iniciativas Enlazando el Paisaje Centroamericano, Selva Maya II y Genera+; y el Gobierno de Canadá.

Participarán también instituciones vinculadas con agricultura y financiamiento, organismos internacionales, entidades financieras, organizaciones sociales, especialistas y representantes indígenas.

La expectativa es que el encuentro permita identificar los principales obstáculos técnicos, institucionales y financieros, y avanzar hacia una hoja de ruta regional para alcanzar la Meta 3, además de un documento estratégico que sirva para orientar decisiones futuras.

Los acuerdos buscarán trascender la cita de Mérida y alimentar la posición de la región de cara a la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica, prevista para octubre en Ereván, Armenia, y al Congreso Mundial de Áreas Protegidas y Conservadas de la UICN, que tendrá lugar en Panamá en septiembre de 2027.

De esta manera, Mesoamérica llegará a la recta final hacia 2030 con el reto de transformar una cifra global —el 30%— en una estrategia que funcione sobre el terreno y permita que conservar más signifique, sobre todo, conservar mejor.

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