Quiero resaltar nuevamente la gran oportunidad que tiene nuestro país para continuar y profundizar un proceso de fortalecimiento institucional basado en que tenemos a la vista un momento especial. Me refiero a la presencia de un período en el que el presidente de la república no estará aspirando a ningún cargo, y, además, con la intención clara de terminar su mandato de gobierno dentro de los límites que la constitución y las leyes le permiten. Dando, por otro lado, muestras de que quiere ser o convertirse en un árbitro del proceso, aun asumiendo cargos dentro de la organización partidaria a la que pertenece.

Eso, para algunos, podría no ser significativo; sin embargo, entiendo que representa una gran oportunidad para el fortalecimiento de nuestra democracia institucional. Toda vez que Luis Abinader no desperdicia un momento del día sin estar atento a lo que acontece en cualquier lugar. Pero, además, porque pienso que está consciente de que tiene juventud y muchos años por delante. Razón por la cual debemos aprovechar este período para lograr avances y fortalecer las áreas que requieren atención permanente. Y me refiero a todos los sectores, incluyendo los políticos.

Pero esa gran tarea no debe ni puede ser exclusividad del presidente como cabeza del poder ejecutivo, sino de todos los funcionarios, quienes deben estar conscientes de que estos dos años de gestión pueden marcar la diferencia. Que hay que terminar bien o mejor que como comenzó.

Es igualmente una responsabilidad de los sectores políticos que aspiran a gobernar la nación a partir del 2028, porque no es lo mismo comenzar desde cero o con dificultades, que hacerlo encontrando un país y una economía que les permita iniciar sus acciones sin grandes problemas. Lo mismo con el sector económico en todos los órdenes. Grandes, medianos y pequeños.

Este puede ser el gran momento para realizar, de manera concertada, acciones que permitan un buen desenvolvimiento de las actividades fundamentales. Porque si bien Abinader pudiera aspirar a que gane un candidato de su partido, difícilmente recurra a acciones que puedan poner en riesgo un final feliz de su mandato. Y eso tiene una importancia inconmensurable.

Pero, reitero, ahora, al inicio de la segunda parte del mandato constitucional, los funcionarios tienen que dedicarse por completo a atender sus responsabilidades. Dedicarle la totalidad del tiempo a las misiones que se les han encomendado. Que no se puede servir a dos señores. Que el momento es de servir a la nación como lo que cada quien representa dentro del tren gubernamental.

Por su parte, el presidente, en este importante trecho, debe ser tan o más vigilante que lo que ha sido en aquellos que ha depositado su confianza. Porque más que un privilegio, disfrutar de una designación, representa un reto ante la sociedad y frente a quien le confió esa oportunidad de servir.

El objetivo y obligación de todo funcionario es servir. Y hacerlo con entrega, comedimiento y humildad. Conscientes de que hay miles de dirigentes y personas que han aspirado a ocupar una posición y solo unos cuantos son escogidos. Eso debe y tiene que ser asimilado de manera responsable por cada uno de los viejos y nuevos servidores públicos. Para terminar habiendo cumplido cabalmente su misión.

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