Ahora estamos en agosto de 1912. Es miércoles siete y el día ha transcurrido en calma, en la ciudad de Puerto Príncipe, rodeada de montañas, cubiertas de palmeras y diversos tipos de árboles tropicales. Al frente del Palacio Nacional está la bahía, en una gran quietud, bañada por el agua cristalina. Arriba se ve un cielo azulado.

Ha llegado la noche y la gran plaza Campos de Marzo está alumbrada por faroles de petróleo. Se divisan algunas parejas paseando por los jardines. De vez en cuando cruzan carruajes tirados por caballos.

El presidente Cincinnatus Leconte ha pasado parte de la tarde y la noche compartiendo en el salón con sus más cercanos colaboradores.

Antes de acostarse, el presidente acostumbraba a iluminar con su farol la fotografía de su amada esposa Reine Josephine Laroche, quien había fallecido repentinamente el 25 de octubre de 1911.

Antiguo ministro del interior del presidente Nord Alexis, con quien había huido rumbo a Jamaica, cuando cayó el régimen, en 1908, Leconte era un hombre de Estado y de estirpe. Nacido el 29 de septiembre de 1854, en San Miguel de la Atalaya, una población que antes perteneció a la parte española de la isla, Leconte era biznieto del general Jean Jacques Dessalines, padre de la Independencia de Haití.

Había llegado al poder el 14 de agosto de 1911, al derrocar al presidente Antoine Simon, tras dirigir una rebelión que partió del norte del país.

El país lucía en paz y tranquilo, pero entonces, en la madrugada del ocho de agosto, una explosión estremeció a Puerto Príncipe. El Palacio Nacional, edificado en madera preciosa, en 1881, y que sustituyó al que fue destruido en la guerra civil de 1869, había explotado, matando al presidente y a los soldados de la Guardia Presidencial.

La Legación de la República Dominicana en Puerto Príncipe envió de inmediato el siguiente telegrama: “Núm. 56. Secretario Machado, Santo Domingo. Gran Catástrofe, madrugada voló arsenal Palacio. Presidente muerto, muchas desgracias. LEGADOM, ocho de agosto de 1912, siete de la mañana”.

El 14 de agosto, el ministro dominicano en Puerto Príncipe, doctor Francisco Henríquez, en nota número 162, envió un informe más detallado de aquella tragedia:

“…El día ocho de los corrientes, a las 3 y 15 minutos de la mañana, una violenta detonación, seguida de un terrible y prolongado trueno, conmovió y puso en pie a toda la ciudad de Puerto Príncipe. Era difícil en los primeros minutos explicarse con exactitud lo ocurrido”.

“A la grande explosión siguieron luego los de cartuchos de fusilería, en fuego graneado y débil, que poco después fueron aumentando en número y mezclándose con las de bombas y granadas, asumiendo el suceso el aire de una batalla campal en que hubiesen tomado parte a la vez muchos miles de soldados”.

“Un polvorín del Palacio Presidencial había volado, derribando en su mayor parte el edificio, produciendo el incendio del mismo, la explosión de los cartuchos y las bombas y destruyendo todo lo que existía acumulado o construido dentro del recinto del Palacio: cuarteles y arsenal. El incendio y la explosión de bombas y cartuchos duraron en toda su fuerza por espacio de tres horas. El presidente Leconte pereció en los escombros y con él un número de soldados cuya cifra hasta el día de hoy no ha sido fijado, pero que se estima en unos seis cientos, incluyendo los heridos graves cuyo pronóstico es desesperado”.

“A las 9 y 30 minutos de la mañana las Cámaras eligieron presidente de la República al general Trancrede Auguste. El país, apesadumbrado y sobre-recogido con tan terrible catástrofe, ha dado muestras de respeto a la memoria del presidente Leconte conservando la más perfecta tranquilidad”…

En su edición 4186, del 10 de agosto de 1912, el periódico Le Nouveliliste dedica su portada a la biografía del presidente Leconte, destacando su inteligencia y su gran talento como militar y hombre de Estado.

Es bueno destacar que Leconte era amigo íntimo del general Horacio Vásquez. Ambos se habían conocido en el exilio. Cuando Leconte llegó a la Presidencia, lo primero que hizo fue recibir en Puerto Príncipe al caudillo dominicano, quien desde allí reunió a sus hombres para iniciar una incursión militar contra el gobierno de Eladio Victoria, que había asumido el poder tras el asesinato del general Ramón Cáceres Vásquez.

A finales del mes de junio de 1912 el general Horacio Vásquez cruzó la frontera, luego de haber recibido el apoyo del general haitiano Charles Zamor, por órdenes del Presidente Leconte. Cuando sucedió la explosión del Palacio Nacional de Haití el general Horacio andaba con su guerrilla por el norte de la República Dominicana y allí recibió la infausta noticia.

En su edición del lunes 12 de agosto, el periódico Listín Diario publicó un cable, fechado en Puerto Príncipe el día nueve, que dice así:

“CATÁSTROFE DE HAITÍ”

**

“El cuerpo del presidente”

“Puerto Príncipe, agosto 9.-Después de minuciosos registros efectuándose en los escombros del Palacio Nacional, fue encontrado en su cama de hierro el cuerpo carbonizado del General Leconte”.

“Las exequias fúnebres tendrán lugar mañana. El número de muertos a consecuencias de la catástrofe pasa de doscientos”.

El periódico The New York Times, se hizo eco de la información en su edición del nueve de agosto, dando cuenta de que habían muerto 400 personas.

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