Temprano una mañana, tres caballeros elegantemente vestidos, se apersonaron a mi oficina a hacerme un serio reclamo: su candidato aparecía en nuestra encuesta muy por debajo de lo que ellos y su partido tenían completa seguridad que era su aceptación y su popularidad. (En las elecciones no llegaron al 3%)

Les dije que las encuestas pueden tener errores probabilísticos, en el diseño de preguntas y en la selección de entrevistados y otros.

En ocasiones hemos registrado porcentajes de simpatía electoral que nos han sorprendido, y, antes de su publicación, realizamos ejercicios técnicos de comprobación y volvemos a los lugares cuyas cifras no concuerdan con el resto de los datos.

Cierta vez, revisando lo que parecía exagerada aprobación de Balaguer en una región, ocurrió que la muestra cayó en dos lugares en los que Balaguer había donado viviendas a muchos residentes. También nos ocurrió que la muestra cayó cerca de San Juan, en un lugar donde todos eran familiares de Danilo.

También existe el fenómeno del engaño del ciudadano, lo que con frecuencia acontece cuando un líder local recibe la visita del candidato nacional de su partido y la caravana se detiene en un pueblo, en un barrio, y casi toda la población sale a ver “por qué tanta bulla, o quién es ese que anda por ahí”. Y, siendo tan amables y oportunistas, como suelen ser, las gentes salen y vocean y alzan las manos para “saludar” y aclamar al aspirante. Solo que, una vez que la caravana se marcha, puede que la mayoría de los “manifestantes” pregunte, por lo bajo, que quién era ese visitante.

Pero esos falsos apoyos ocurren también durante los procesos de elección de candidatos dentro del partido, aunque de modo silencioso, durante las “primarias”. Ya que mayormente se trata de un proceso de negociaciones entre potenciales candidatos y supuestos o reales leales seguidores.

Algo interesante ocurre entre los políticos y los poderosos que invierten durante las campañas. Los adinerados suelen hacer aportes como quien apuesta en las carreras de caballos, según el historial y el potencial del ejemplar. Así, a un candidato con muchas probabilidades, según encuestas, el criterio de especialistas y conveniencias prácticas o acaso ideológicas respecto del aspirante para sus negocios, y las posibilidades de recuperar y multiplicar la inversión.

Así, el “inversionista-apostador” coloca sus aportes: Por ejemplo, 50% a Juan, 30% a Pedro, 10% a Antonio… y deja 10% para repartirlos entre otros que por casualidad vengan a solicitarle ayuda; y así evitar riesgosas malquerencias futuras.

En los votantes potenciales abunda desconfianza, incredulidad, apatía e ignorancia sobre el tema; especialmente después que las luchas mundiales y regionales entre socialistas y capitalistas produjeron fracasos y frustraciones respecto a prometedores proyectos de transformación social y política.

La pobreza y el desempleo llevan a muchos a buscarse oportunidades en la política y, a falta de conocimiento y confianza en los candidatos, suelen actuar como oportunistas y clientelistas.

Por ello, todo candidato mantenerse “chivo”, pues la mentira suele ser necesaria y funcional en nuestro diario acontecer.

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