Por Elida Almonte.-
A pesar de las críticas generadas en distintos sectores de la opinión pública, la segunda edición de La Casa de Alofoke 2 ha demostrado ser una plataforma real de visibilización para personas comunes, muchas de ellas históricamente invisibles para la sociedad, cuyo principal recurso para ser vistos han sido las redes sociales.
Más allá del entretenimiento, el programa ha abierto puertas, ha cambiado narrativas y ha permitido que talentos genuinos encuentren una oportunidad que antes parecía inalcanzable. En este contexto, La Fruta se ha convertido en el símbolo más claro de ese impacto social.
La Fruta se ha ganado el corazón de todos… sin truco y sin pose.
Es el verdadero ganador de La Casa de Alofoke:
el que entretiene, el que conecta, el que no falla.
La Fruta es del pueblo… y el pueblo lo coronó.
Este fenómeno confirma que cuando se brinda una oportunidad auténtica, el talento florece, la humildad se convierte en fortaleza y la conexión con el público se vuelve imparable.
Podemos criticar la forma de comunicar de Santiago Matías, muchas veces sin filtros y con un lenguaje crudo, pero detrás de ese personaje mediático se encuentra un dominicano visionario, que ha sabido utilizar las redes sociales a otro nivel, transformándolas en una poderosa herramienta de impacto, visibilidad y movilidad social.

De manera especial, se reconoce su visión por abrir las puertas de esta plataforma, permitiendo que el mundo conozca el talento, la humildad y la personalidad arrolladora de jóvenes que, de otro modo, seguirían permaneciendo en el anonimato.
Hoy, gracias a esta oportunidad, el mundo entero conoce a La Fruta, no solo por su carisma, sino por representar a miles de personas que sueñan con ser vistas, escuchadas y valoradas.
Cuando se otorgan oportunidades reales, se transforma la vida de las personas y se fortalece el tejido social.






