De materializarse como todo apunta; el legado ético, institucional, político y jurídico más importante del presidente Abinader será haber utilizado su mayoría política en el congreso para vacunar la Constitución contra el veneno del continuismo.

Complicar el mecanismo de elección presidencial, evitar someter al país al estrés institucional de si “Luis va” o “no va” y fomentar la alternabilidad en el ejercicio del poder pudiera parecer algo abstracto, pero se refleja en beneficios concretos.

Si hoy el PRM se debaten varios liderazgos que encarnan la alternabilidad en el ejercicio en el poder para suceder al presidente Abinader: David Collado en un cómodo primer lugar según las encuestas, seguido por Carolina Mejía, se debe a esas condiciones que permiten organizar la transición política. Aplica en este contexto aquella frase churchiliana utilizada a la criolla —de la boca pa’fuera— de que el estadista es aquel que piensa, actúa y trabaja para las próximas generaciones y no para las próximas elecciones. Una nueva generación de lideres emerge por esas convicciones democráticas exhibidas desde el poder por un ciudadano dominicano que se llama Luis Abinader.

Lo que hoy se ve normal no lo era hace poco. No porque los líderes que precedieron al presidente actual sean malos sino porque vienen de otra escuela política donde: “El poder no se regala. El poder se conquista y se arrebata”. Apenas cuando se aprende a ejercer con experiencia acumulada entonces hay que desmontarse.

El ejercicio del poder es tan subjetivo que 4 años para el que está arriba pasan como un fin de semana largo y 8 años como una semana santa. Sin embargo, para el está en oposición cuatro años son una eternidad. Esa percepción subjetiva en el marco de una debilidad institucional y escasa cultura democrática crea el caldo de cultivo para que surjan los “imprescindibles”.

Evidentemente, lo que da tanto trabajo conquistar cuando se ponen las ambiciones por encima de las instituciones no se quiere soltar. Por eso el presidente Mejía modificó la Constitución para seguir “subido en el palo”. Lo propio el expresidente Fernández que, aunque su secta cuasi religiosa lo niega, modificó la Constitución para no jubilarse políticamente. Habló de la “fabrica” de presidentes… Sí, pero él arriba, con la ñoña puesta. Hasta que al líder —prohibido desafiar según sus profundas convicciones democráticas— decidiera pasar la antorcha. El expresidente Medina también alcanzó el poder con un discurso de gobernar solo cuatro años. Se tragó ese juramento, modificó la Constitución para reelegirse y generó una nueva fractura en el PLD por intentar otra modificación, sin eructar.

Reitero. No todos los pecados del continuismo son mortales. Algunos son veniales. La historia le reserva un sitial al expresidente Balaguer por ser un gran constructor de obras de infraestructuras e impulsor de reformas agrícolas y fiscales. Al expresidente Fernández por darle continuidad a muchas de sus políticas e impulsar una agenda de modernidad y transformación institucional. Al expresidente Medina por ampliar la base social que le llevó a obtener el porcentaje más alto de votación en unas elecciones democráticas por la altísima valoración su gestión.

El PRM está obligado a renovarse. El PLD vive en carne propia ese proceso. La FP peca mortalmente al morder la manzana podrida y estimular el culto a la personalidad —y otras cosas— como lo hace Franklin Rodríguez al decir que solo un Fernández puede aspirar a la presidencia esa organización. Esa candidatura imprescindible, como en efecto intentan proyectar los verdes en actual escenario político de que solo el predestinado “maestro, líder y guía” de una facción de la oposición está superdotado para regir los destinos del país es el espíritu que el actual modelo político lamentablemente dejo fuera de las cláusulas pétreas pero que debe superarse a través de la alternabilidad por la vía electoral.

La historia también registra otro episodio de desapego al poder equiparable al del presidente actual. Gregorio Luperón, al asumir la presidencial provisional después de la gesta heroica de la restauración —recoge don Adriano Miguel Tejada— modificó la Constitución para que los líderes del partido azul pudieran ser presidente de la República. Ese ejemplo de desprendimiento poco común en nuestra región que por la ignorancia rampante se deja seducir ante el culto a la personalidad y el caudillismo, le otorga autoridad moral y política tanto al presidente Abinader como a cualquier miembro de su organización de llenarse la boca, darse en el pecho y manifestarlo en voz alta.

Espero que los leonelistas no se molesten cuando les digo que Paliza y el PRM tienen velones blancos encendidos e inciensos de sándalos regados en las oficinas revolucionarias modernas para que el expresidente Leonel Fernández sea candidato. Si lo dudan —le asiste el derecho— busquen el discurso de Paliza al que hago referencia donde pone en contexto los distintos tipos de liderazgos: los que han mutilado generaciones y los que crean las condiciones para que emerjan nuevos líderes.

En esta ocasión estoy de acuerdo con Paliza.

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