Fotografía de archivo en la que se registró al tenista español Alejandro Davidovich. EFE
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SANTA PONÇA, CALVIÀ.– El tenista español Alejandro Davidovich puso fin a una larga espera al conquistar este sábado su primer título en el circuito ATP, tras imponerse por 7-6 (7-4) y 6-3 al estadounidense Ethan Quinn en la final del ATP 250 de Mallorca, disputado sobre césped.
Con este triunfo, el malagueño rompió una racha de cinco finales perdidas en torneos ATP y consiguió, por fin, levantar el trofeo que tanto había perseguido, en un momento clave de la temporada sobre hierba.
La final, disputada bajo las altas temperaturas que han afectado a la isla durante los últimos días, comenzó con máxima igualdad y cautela. Ambos jugadores priorizaron la solidez desde el fondo de la pista, evitando cometer errores que pudieran inclinar el encuentro desde los primeros juegos.
Un primer set lleno de tensión y oportunidades
Los primeros errores importantes llegaron por parte de Quinn, cuya principal fortaleza, el servicio, terminó jugándole en contra. Tres dobles faltas le costaron su saque con el marcador igualado 4-4, permitiendo a Davidovich servir para cerrar el primer parcial.
Sin embargo, los fantasmas del pasado reaparecieron momentáneamente y el estadounidense recuperó de inmediato la rotura, llevando el desenlace al desempate.
Fue allí donde Davidovich mostró mayor fortaleza mental. El español mantuvo la calma en los momentos decisivos, gestionó mejor la presión y se adjudicó el ‘tie-break’ para tomar ventaja en una final que podía marcar un antes y un después en su carrera.
Davidovich selló el triunfo con autoridad
Tras ganar el primer set, el dominio del malagueño fue creciendo. Quinn continuó acumulando dobles faltas y volvió a ceder su servicio con facilidad en el 2-3 del segundo parcial, dejando el camino despejado para que el español sirviera nuevamente por el campeonato.
Esta vez, Davidovich no dejó escapar la oportunidad. Con determinación y confianza, cerró el partido para conquistar el primer título ATP de su carrera, dejando atrás las frustraciones vividas en finales anteriores.
El triunfo adquiere un significado especial sobre la hierba de Mallorca, superficie en la que el español ya había demostrado su talento al proclamarse campeón júnior de Wimbledon. Ahora llegará al Grand Slam londinense con la moral reforzada y la ilusión de prolongar su gran momento de forma.
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