Se ha hecho una tradición a nivel mundial, incluyendo Estados Unidos, honrar a sus expresidentes y figuras destacadas, designando edificaciones públicas con sus nombres al margen de sus luces y sombras.

El extinto presidente Salvador Jorge Blanco gobernó democráticamente el país en el periodo 1982-1986, realizando importantes reformas institucionales, políticas, sociales y económicas, habiendo tenido el gran mérito de autorizar el aeropuerto de Punta Cana que le permitió a la familia Rainieri desarrollar el principal polo turístico del Caribe, y sin embargo como afirmó recientemente el conocido periodista don Guillermo Gómez en su programa de televisión Aeromundo, ni siquiera una calle dominicana lleva su nombre, algo verdaderamente injusto y pecaminoso.

El presidente Luis Abinader tiene la brillante oportunidad de desagraviar a un líder político nacional que murió pobre y con su crédito devaluado, proponiendo la designación con su nombre de una avenida, edificación pública, con lo cual estaría realizando un acto de justicia para la posteridad.

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