Miurka Jiménez y Rubén Suero. Fuente: El Nuevo Diario

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EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- La ausencia de una madre comienza a sentirse de una forma profunda y silenciosa que no siempre se puede explicar con palabras; es un vacío que se instala en la vida diaria y que transforma la manera de recordar, de vivir y de valorar cada momento compartido.

En el caso de Rubén Suero, esa ausencia llegó a sus 26 años cuando su madre falleció a causa de cáncer de mama durante la pandemia; desde entonces su vida quedó marcada por ese amor que ya no está físicamente pero que permanece en su memoria y en su corazón.

A partir de ese momento continuó su camino junto a su padre y sus tres hermanos; aunque el tiempo avanza el recuerdo no se debilita, sino que se convierte en una presencia constante que acompaña cada etapa de su vida.

Miurka Jiménez y Rubén Suero. Fuente: El Nuevo Diario

Expresa que uno de sus mayores deseos habría sido que su madre pudiera verlo graduarse y formar una familia; son momentos que soñó compartir con ella, pero que hoy solo existen en sus pensamientos y en lo que imagina como habría sido su presencia.

Con nostalgia reconoce que le habría encantado tenerla a su lado en cada logro importante; en cada meta alcanzada y en cada paso significativo de su vida, porque su ausencia se siente incluso en los momentos de mayor alegría.

En este Día de las Madres su recorrido no lo lleva a una celebración familiar sino al silencio de un cementerio; allí honra la memoria de quien fue el mayor amor de su vida y mantiene vivo su recuerdo con profundo respeto y amor.


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