Nací en la República Dominicana, pero por razones familiar y cultural, en el 2001 terminé siendo legalmente ciudadano de los Estados Unidos. Y aunque muchos podrían pensar que eso representa una puerta abierta hacia una vida “mejor”, muchas veces me pregunto por qué no siento el deseo profundo de irme definitivamente. La respuesta, quizás, no es económica ni cultural. Es existencial.

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