Irán ha anunciado formalmente que su selección de fútbol no participará en el Mundial de 2026. El ministro de Deportes, Ahmad Donyamali, justificó la decisión tras el asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, responsabilizando directamente a Estados Unidos por las recientes ofensivas bélicas que han causado miles de víctimas en el país.
El gobierno iraní sostiene que el entorno en Norteamérica no es apto para sus deportistas. Según Donyamali, la seguridad de los jugadores no estaría garantizada en territorio estadounidense, lo que hace «imposible» su asistencia a los encuentros que tenían programados en sedes como Inglewood y Seattle contra sus rivales de grupo.
Pese a la tensión diplomática, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, aseguró tras reunirse con Donald Trump que Irán tiene permiso para ingresar al país. Trump reiteró que el equipo es «bienvenido» a competir, intentando separar el conflicto bélico de la organización del torneo, mientras Infantino aboga por el fútbol como una herramienta de unión global.
Desde la FIFA, los directivos descartan cualquier posibilidad de posponer el torneo, calificándolo como un evento «demasiado grande» para detenerse por la agitación global. Aunque Heimo Schirgi, director de operaciones, admitió que siguen de cerca la guerra, la postura oficial es que el Mundial seguirá adelante con o sin la presencia de todos los clasificados.
Este conflicto pone a Estados Unidos en una posición delicada como anfitrión. Si el país impidiera la entrada de un equipo clasificado por motivos políticos, se arriesgaría a que la FIFA le retire la sede, tal como ocurrió anteriormente con Indonesia. Por ahora, el organismo espera que la resolución se dé día a día antes del inicio en junio.

