Ronald A. Hicks: (Ilustración: El Nuevo Diario)
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EL NUEVO DIARIO, REDACCION DIGITAL. — En un día histórico para la Arquidiócesis de Nueva York, Ronald A. Hicks fue oficialmente instalado como undécimo arzobispo de una de las diócesis más influyentes del mundo, cerrando un capítulo y abriendo otro lleno de fe, cultura y acogida. Antes de tomar posesión en la Catedral de San Patricio, el religioso pronunció un discurso que sorprendió por su calidez, su creatividad y su profundo vínculo con la música y la ciudad que ahora llama hogar.
Hicks, de 58 años y oriundo de Illinois, comenzó sus palabras confundiendo conscientemente los límites entre un sermón tradicional y una auténtica carta de amor a Nueva York, usando letras de canciones icónicas que han definido la cultura urbana mundial. “Me encanta la música. Me encanta todo tipo de música, y casi siempre tengo una canción sonando en mi cabeza”, confesó ante miles de fieles y visitantes durante la misa de instalación.
El arzobispo realizó una especie de “mini-playlist homilética”, citando fragmentos de temas legendarios sobre Nueva York, desde Billy Joel y Frank Sinatra hasta referencias de artistas contemporáneos y latinos. Con un guiño a New York, New York, lanzó un mensaje simbólico para su nueva misión:
«Empiezo hoy, así que empiecen a correr la voz«, adaptando la famosa letra de Sinatra para señalar que su liderazgo comienza con entusiasmo y apertura.
También evocó frases de canciones como New York State of Mind de Billy Joel o el ritmo urbano latino de Un verano en Nueva York, de El Gran Combo de Puerto Rico, conectando con la diversidad cultural de la ciudad. Incluso hizo referencia humorística a Chicago, su ciudad natal, al decir que aún le guarda cariño a su “ciudad preferida”, aunque ahora abraza con esperanza su nueva comunidad.
Más allá del simbolismo musical, Hicks centró su mensaje en la misión pastoral que desea encarnar: una Iglesia misionera, acogedora y comprometida con la dignidad humana y el servicio al prójimo. Habló tanto en inglés como en español, reconociendo la pluralidad de una arquidiócesis que incluye decenas de comunidades culturales y lingüísticas.
Sus palabras, llenas de imágenes musicales y referencias culturales, no fueron un mero recurso retórico, sino una invitación a ver la fe desde una perspectiva abierta, alegre y cercana a la vida cotidiana de los neoyorquinos. “Aquí no venimos a ser espectadores pasivos”, enfatizó, “venimos a servir con fe, esperanza y caridad”.
Con este discurso, Ronald Hicks no sólo marcó el inicio de su liderazgo espiritual en Nueva York, sino que también difundió un mensaje de unidad y entusiasmo, señalando que, como en una gran canción, todos tienen un papel que interpretar en la sinfonía de la vida comunitaria.
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